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viernes, 13 de enero de 2012

La saga de los Sayhueque: parte II


Segunda y última parte de este interesante estudio sobre el cacique tehuelche Valentín Sayhueque. Su linaje, su historia y la de su familia. ¿Cuánta gente integraba la llamada su tribu?: más de 3.200 personas en el País de las Manzanas. Guerra del Desierto: de aliados a enemigos. Escriben María Boschín y Leonor Slavsky.


(12/08/11)


La Guerra del Desierto: de aliados a enemigos

La denominada “Campaña al Desierto” que se realizara bajo la conducción de Roca en 1879 no alcanzó a efectivizar el control de la Nación sobre el territorio ubicado en las inmediaciones del río Limay. En oportunidad de la inauguración del período parlamentario de ese mismo año, el presidente Roca no deja dudas con respecto al cambio en la relación con el cacique Sayhueque y el país de las Manzanas.
Refiriéndose a las fronteras exteriores destaca su importancia para el acceso del comercio internacional: “...por consiguiente no deben existir en ellas tribus de indios enemigos que interrumpen la comunicación por los puntos tal vez más fáciles y adecuados.”

De allí la necesidad de una segunda expedición “... contra las únicas dos grandes tribus que quedan a este lado de la Cordillera, la de Sayhueque y la de Renquecurá desde cuyo territorio, ocupado por nuestras armas, se dominará fácilmente toda la región comprendida entre el Neuquén y el Estrecho”. Resalta el éxito logrado por las tropas: “... habiendo llegado nuestras divisiones al punto de la cita, al país de las Manzanas, el país del Vellocino de oro en las leyendas del desierto, dejando así libres para siempre del dominio del indio esos vastísimos territorios, que se presentan ahora llenos de deslumbradoras promesas al inmigrante y al capital extranjero”.

Se impuso la tríada ´inmigración, tierra y capitales´: “A partir de 1880 el proyecto modernizador de la clase dirigente, pareció no tener techo. A tono con las ideas liberales de la época, el Estado estimuló la iniciativa privada. La incorporación efectiva de la Patagonia a la Nación Argentina se basó en tres definiciones programáticas: explotar la tierra (...), fomentar la inmigración (...) [y] estimular las inversiones extranjeras.” (Casamiquela y Boschín 2000).

En marzo de 1881 se inicia la campaña al Nahuel Huapí conducida por el Gral. Conrado Villegas. Dos años después se rinde Renquecurá, en 1884 se entrega Namuncurá. Sayhueque resiste y se constituye en el último cacique sometido. El 1 de enero de 1885 presenta su rendición en Junín de los Andes, Neuquén, con 700 indios de lanza y 2500 de “chusma”. Sayhueque es trasladado hasta Carmen de Patagones, y desde allí por barco a Buenos Aires adonde llega el 22 de febrero. Se entrevista con el Presidente Roca y le solicita tierra para establecer a su tribu y dedicarse a las actividades agrícolas y pastoriles.

Mientras tanto, 1700 personas entre adultos y niños que habían estado bajo su jefatura se asientan en Chinchinales, a orillas del río Negro, donde los sacerdotes salesianos instalan una misión. Sin embargo este agrupamiento duró poco tiempo. En enero de 1887 llegó orden del gobierno para que ochenta familias se trasladasen a Mendoza (Carta de Mons. Cagliero a D. Bosco, 17-1-87, ACS Roma).
Al año siguiente el Padre Milanesio escribe al Padre Savio: “Dígale al Monseñor que en Chinchinal no están más los indios de Sayhueque, pues el gobierno los ha dispersado y desbandado en varios puntos muy lejanos del Río Negro ( ACS, Roma. D. Domenico Milanesio). También los indios de Ñancucheo (que compartían la misión) sufrieron un violento desparramo por orden superior ( Angel Piccono a D. Juan Lemovone, 20-11-87).

Transcurridos diez años de la solicitud de tierras al presidente Roca, por un decreto del 30 de octubre de 1895 se autorizó a la gobernación del territorio del Chubut para que pusiera en posesión al cacique Sayhueque y su tribu, una superficie total de 30.000 hectáreas. La ley 3814 del 26 de septiembre de 1899 facultó al Poder Ejecutivo a conceder en propiedad al cacique Valentín Sayhueque y su tribu, 12 leguas kilométricas en el territorio del Chubut.
El Poder Ejecutivo debía determinar la ubicación y otorgar los títulos de propiedad de la siguiente manera: cuatro leguas al propio Sayhuque y las 8 restantes distribuidas proporcionalmente entre las otras familias. El artículo 4 prohibió la enajenación de estas propiedades hasta que hubieran transcurrido cinco años desde las escrituras de propiedad. Según consta en el expediente de tierras la escrituración se realizó el 5 de enero de 1903 con presencia del presidente de la Nación. Ocho meses después moría Valentín Sayhueque.

¿Cuánta gente integraba la llamada tribu de Sayhueque? En enero de 1885, en ocasión de la rendición, el cacique llegó a Junín de los Andes con 3.200 personas. A la misión de Chinchinales sólo llegan 1700. Cuando en el Congreso de la Nación se debate la ley 3814 de entrega de tierras a Valentín Sayhueque, se consigna que en ese momento, la familia y gente del cacique totalizaba 222 personas (62 parientes directos de Valentín y 160 individuos más). Esto demuestra el éxito de la línea indigenista apoyada en el criterio de la disolución de las sociedades indígenas, que utilizó mecanismos de dispersión a distintos puntos del país y de traslado forzoso a los ingenios y obrajes del norte y a la isla Martín García, y que estaba a cargo del reparto de mujeres y niños entre las familias acomodadas de Buenos Aires, tarea a cargo de la Sociedad de Beneficencia.

Los datos que surgen del Expediente de Tierras, de los expedientes sucesorios de Valentín y de algunos de sus hijos y de una nota elevada por Mariano y Cándida Sayhueque y Ambrosio Calfupán al Senado de la Nación permiten reconstruir los hechos que llevaron nuevamente a la desposesión de las tierras donadas por el Estado.

¿Qué implicancias tuvo en la Patagonia la triada “progresista” inmigración, tierra y capital? Puso en competencia dentro de un mismo territorio a dos componentes poblacionales provistos de desiguales saberes para operar en el nuevo esquema jurídico. Para acceder a la tierra, los no indígenas no sólo dispusieron del poder de la fuerza, y del poder que les dio el conocimiento de su propia juridicidad, sino también, porqué no decirlo, de la transgresión de esas mismas normas a través del delito.

Uno de los mejores ejemplos de cómo esta desventaja actuó en contra de los derechos de los indígenas es que la sucesión de Valentín Sayhueque no fue iniciada por sus herederos, sino por el apoderado de la Casa Lahusen –gran firma acopiadora y exportadora de frutos del país–, que en agosto de 1910 abrió el expediente sucesorio para cobrar una deuda supuestamente contraída por el cacique antes de su muerte.
En diciembre de ese año se declara abierta la sucesión y se resuelve la publicación de edictos en un diario de Rawson y en uno de Trelew (ambas ciudades en la costa, a cientos de kilómetros del lugar de residencia de los Sayhueque en la cordillera), convocando a todo el que se considere con derecho sobre la misma, ya sea heredero o acreedor. La casa Lahusen además de ser la iniciadora del juicio sucesorio se conviertió en el actor principal del proceso.

En Trelew, el 25 de diciembre de 1929 se procedió al remate público del lote pastoril n° 12 de 10.000 hectáreas que había sido de propiedad de Valentín. En 1931, Isaías Sayhuque denuncia ante el Director General de Tierras y Colonias, ese remate y la consecuente adjudicación a la Sociedad Anónima de Exportación e Importación Lahusen y Compañía Limitada.

En julio de 1946, en nota dirigida al Senado de la Nación Candida y Mariano Sayhueque, y Ambrosio Calfupán declaran bajo juramento maniobras dolosas imputadas a la casa Lahusen contra los herederos de Don Valentín, y manifiestan que la muerte de su hijo Francisco Sayhueque en el incendio de una barraca de la casa de referencia en Comodoro Rivadavia, fue intencional.

Denuncian lo que consideran una apropiación ilegítima de las 10.000 hectáreas, y agregan que en dos desalojos posteriores, con intervención del Juez de Paz de Gobernador Costa y Gendarmeria, el primero en 1937 y el segundo en 1944, perdieron el derecho a ocupar las tierras que legítimamente les habían sido adjudicadas. Estos reclamos realizados en la década de 1940, contaron con la colaboración de Francisco Moreno, nieto del Perito Francisco P. Moreno, como puede constatarse en la documentación existente en el Archivo del Museo de la Patagonia.

El último acto de denuncia protagonizado por algún miembro de la familia Sayhueque que hemos ubicado, corresponde a la presentación que realiza Cándida Sayhueque por sí y por los integrantes de la tribu de Valentín, ante el gobernador del Chubut, para solicitarle su intervención para recuperar las tierras. La respuesta la dio el Instituto Autárquico de Colonización, que por nota del 9 de septiembre de 1976, expresa que: “En razón de las sucesivas ventas efectuadas de acuerdo al derecho común debidamente inscripto en el Registro de la Propiedad, la acción reinvindicativa que solicita la recurrente [Cándida Sayhueque] de fs. 1 no es de competencia administrativa y sólo puede ser encamida por vía judicial”.

La reforma de la Constitución del año 1994, invirtió los términos del debate sobre la “cuestión indígena” que dieron sustento a la legislación de fines del siglo XIX. Dos de los ejes de aquel debate, el derecho a la tierra y el reconocimiento de la organización política, fueron retomados durante la Asamblea Nacional Constituyente de 1994 y analizados a la luz de los avances de la legislación internacional y de los argumentos esgrimidos por las organizaciones indígenas de la Argentina.

La Constitución incorporó el reconocimiento a la preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas argentinos, retomando -en alguna medida- el concepto de derecho aboriginal contenido en el proyecto de la Ley 215 del año 1865, que fuera omitido en la redacción del texto definitivo de aquella Ley. En función de esta preexistencia, la Constitución reconoce la personería jurídica de las comunidades y el derecho a la propiedad y posesión de las tierras que tradicionalmente ocupan.

La legislación argentina hoy, también reconoce derechos a la tierra, a la organización de los pueblos y de las comunidades de acuerdo con sus propias pautas culturales, y a la participación en la gestión de sus intereses.

El 1° de enero de 2000, se cumplieron 115 años de la rendición de Valentín Sayhueque. Sus descendientes -conocemos a sus nietos Olegario y Sabina y a su bisnieto Angel-, y muchos otros patagónicos que llevan el apellido Sayhueque, o los apellidos de otras familias vinculadas –Ñancucheo, Paillacán, Chiquichano, Llanquín, Carriqueo, Ainqueo, Chacayal, Nahuelpán, Nahuelquir-, se encuentran dispersos en las provincias de Neuquén, Río Negro y Chubut. Muchos de ellos conservan la memoria histórica de haber pertenecido al pueblo manzanero o a la gran alianza de parcialidades que se nucleaba en torno al prestigio del cacique Sayhueque, en tanto que hoy se inscriben en una entidad indígena patagónica global que se autoreconoce con la denominación de “mapuche”.

María Boschín y Leonor Slavsky

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