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viernes, 13 de enero de 2012

La antigua cartografía Patagónica. Parte I

Descubierto el Nuevo Mundo, España guardó celosamente aquellos conocimientos de recónditas tierras que los navegantes traían al imperio, en una conquista cuidada de información. Sevilla sería el archivo de manuscritos y crónicas de una América mágica, desbordante de nuevas culturas
Plano de Chili et Patagonum Regius. Bertius Petrus. Realizado en 1609

(25/07/11)

A la contribución que hicieron los cartógrafos españoles y portugueses en la carrera de las Indias a lo largo de los siglos XVI y XVII desarrollando las “cartas de marear”, ameritó la promoción del oficio de navegar, el desarrollo de las ciencias matemáticas y la construcción de instrumentos eficaces de orientación y medición.

Si bien la Casa de Contratación de Sevilla sirvió de punto de convergencia de todas las informaciones de los navegantes hispanos al Nuevo Mundo, las de Zaragoza y Salamanca ejercieron la labor de enseñar cosmografía, reglas y recomendaciones.

La “Suma de Geografía” de Martín Fernández de Enciso en l519, describe las tierras del Nuevo Mundo y sus costas, anexando en forma de separata una tabla de declinaciones solares.

En 1535 el cosmógrafo Francisco Falero publica en Sevilla, el “Tratado de la Esfera y el Arte de Navegar” incorporando nuevos estudios sobre la declinación magnética, y en 1545, el gran libro del maestro Pedro de Medina el “ Nuevo Arte de Navegar” compendia recientes conocimientos aportando mejores instrucciones académicas, y el reconocimiento de ser traducido a otras lenguas europeas. España se enfrenta rápidamente al gigantismo territorial de América y en las periferias estratégicas de las costas del extremo sur, las insuficientes referencias y una geografía costera mínimamente trazada, limitó por décadas el reconocimiento y fijación de la gran terra incógnita de la patagonia.

Los problemas climatológicos para la navegación a vela, los ríos de puertas falsas sin hablar de las posibilidades de fortificación, demoraron la protección real y una estrategia imperial en las costas australes. Lo cierto es que hasta 1770 pocas eran las cartas marinas útiles para los navegantes, a duras penas la de Alonso Berlinguero marcando por primera vez el litoral patagónico, estrecho de Magallanes y aguas de las Malvinas.

La principal referencia de a mediados del siglo XVIII, fue la bahía de Puerto Deseado y sus condiciones naturales controlando la difícil navegación a través del estrecho magallánico y las islas del Atlántico sur. Los estudios del teniente de fragata Manuel de Pando en 1769 y posteriormente el superintendente interino Antonio Viedma, clarificaron aspectos de calado, compensación de antiguos errores y precisión suficiente para “ la navegación a estima”.

A partir de 1781 se incentivaron los reconocimientos de la Tierra del Fuego y comprobaciones de profundidades costeras, editándose con la denominación de “ Mapa geográfico que comprende todos los modernos descubrimientos de la costa Patagónica y sus puertos desde el río de la Plata hasta el puerto de río Gallegos junto al cabo de las Vírgenes, la porción descubierta del río Negro y caminos por la campaña desde Buenos Aires” en panel de tinta y colores sobre papel, con explicaciones y que aún guarda el Archivo de Simancas.

La poca efectividad española de las exploraciones en Magallanes, Tierra del Fuego y Malvinas a fines del siglo XVIII, fue la existencia de amplísimas regiones en el territorio del Plata y un control estratégico drástico, frente a las posibles penetraciones de otras coronas expansionistas por el estuario.

Indudablemente España hubo de esforzarse por conocer la Patagonia antes de hacerlo por consolidar y defender, tarea que el tiempo demostraría adversa quedando como atalaya el puerto y fuerte del Carmen de Patagones, que nos concede otra historia entre otras circunstancias.


Miguel Bordini
La Galera Patagónica

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