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viernes, 13 de enero de 2012

El recuerdo del terremoto de 1960 en el Nahuel Huapi


Hans Schulz recuerda los difíciles momentos que se vivieron en el 60 y comparte una carta que leyó el cónsul de Chile en Bariloche "para recordar todo lo que nos une con ese país vecino y también para destacar nuestras buenas cualidades, ahora que muchos están empeñados en destacar las malas".

Erupción del Volcán Renihue visto desde el Puerto San Carlos. 22 de Mayo de 1960 a las 16 hs. Foto: Bariloche 2000.

(06/12/11)

La casa que esta noche temblaba me hizo acordar al terremoto del 60. En ese año con 5 años de edad, yo estaba jugando en el jardín, cuando mis autitos de juguete se comenzaron a mover solos y mi familia salía apresurada de nuestra casa en la calle Morales. Después fueron quedando los recuerdos de la Modesta flotando a la deriva y los dos muertos que se cobró el lago ese día, Fratinni y Kempel.

Lo de Valdivia y el resto de Chile todos lo sabemos, pero hace poco, en una caminata alrededor del Volcán Osorno en Chile pude ver los estragos de aquel terremoto cuando se llevó consigo el viejo refugio del Club Andino Osorno y algunos de sus moradores.

Allí me contaron de la activa participación de los Barilochenses en esa terrible tragedia.
Ya ha pasado mucho tiempo. En un viejo Anuario del CAB (1960) encontré un discurso que leyera el Cónsul de Chile de Bariloche en LU8. Pronto la Virgen saldrá nuevamente en procesión sobre el lago y debemos recordar que es una Virgen andariega ya que vino desde Chile.

También los fundadores de nuestro pueblo vinieron de allí. A continuación transcribo el discurso del Anuario para recordar todo lo que nos une con ese país vecino y también para destacar nuestras buenas cualidades, ahora que muchos están empeñados en destacar las malas.

La tragedia de Chile ha sido compartida con el cálido espíritu del afecto fraterno Nº 670 Bariloche, 11 de Julio de 1960

Señor Presidente
Club Andino Bariloche
Bariloche

Me es muy grato hacerle llegar una copia del discurso que pronunció por radio LU 8 Bariloche, el día 9 del corriente, y en el cual me refiero a la eficiente, humana y brillante labor efectuada por los miembros del Club Andino Bariloche, con motivo de los sismos ocurridos en Chile el mes de mayo pasado.

Al reiterarle mi reconocimiento, que deseo hacer extensivo a los socios de esa Institución, cumplo con el deber de dejar constancia que los efectivos del Club Andino, fueron los primeros en llegar a mi país, llevando la más alta misión de rescatar a las víctimas del Osorno y del Puntiagudo.
Me valgo de esta oportunidad para saludarlo muy atentamente

Goffredo Bollo Aravena
Cónsul de Chile

Autoridades todas, pobladores de San Carlos de Bariloche, señoras y señores:

Hasta hace pocos días, Radio LU 8 Bariloche, distrajo de sus labores habituales a su eficiente personal, para atender los múltiples llamados de mis compatriotas que angustiados inquirían noticias de sus familiares. Aún más destacó en la zona afectada a operadores y un radio transmisor para llevar a cabo una labor más efectiva. Me es muy grato pues, en esta ocasión, manifestar mi agradecimiento al señor Director y a su esforzado personal por esta humana y utilísima colaboración.

Nuevamente gozando de la inagotable hospitalidad de Radio LU 8, me dirijo a vosotros, a través de sus micrófonos, para cumplir con un grato deber.

Ha transcurrido recién un mes y medio desde aquel día en que sonó para Chile la tremenda hora de su tragedia. Una vez más, la violenta entraña ígnea de su suelo y la aireada fuerza descontrolada de su mar se confabularon para cumplir una tarea titánica de destrucción, obedeciendo a supremos e inescrutables designios. Los ríos y los lagos que abren sus ojos para recoger la imagen de la Cordillera, fueron activos testigos de la agitación del gigante de granito que, fatigado tal vez de su largo silencio, despertó violentamente arrojando millares de toneladas de piedras sobre poblados florecientes; convulsionada la tierra junto al surco en que el campesino en su misión de paz arrojó la semilla abrió el surco inmenso que el hombre contempló despavorido.

Esta vez, los estragos han sido incalculables. El pueblo chileno, que tantas veces ha sido castigado por su tierra inquieta, la que tanto dolor y destrucción nos ha traído, fue sometido a las más dura de sus pruebas. Pero Chile no ha estado solo en el instante acongojado de su angustia. La solidaridad del mundo ha acudido hasta mi patria, no solamente en el terreno de las altas jerarquías espirituales, sino también en la verdad eficiente de los hechos. Nuestra tragedia ha sido compartida por el cálido espíritu del afecto fraterno.

San Carlos de Bariloche, recostada en su marco de ensueño apacible y sereno, nos ha mostrado su fibra pura y generosa, agigantándose a través del enorme esfuerzo de sus hijos que quisieron ser los primeros en llegar con su efectiva a mi patria. Rasgos hermosos e innumerables de humana abnegación y sacrificio matizaron estos dias: andinistas y soldados, médicos y funcionarios, acudieron al rescate y al alivio del dolor para salvar una sola vida humana, numerosos elementos fueron puestos en juego y abnegados médicos no conocieron el descanso hasta que una adolescente, cuyo cruel dolor solamente el permitió balbucear su gratitud fue puesta en lugar seguro.

Para valorizar una ayuda tan noble y desinteresad, no cabe una medida. Todos habéis escuchado el roncar de los motores de aviones argentinos que en un afanoso ir y venir, llevaban un precioso cargamento hasta el suelo chileno. Los pilotos, en singular contienda con los elementos muchas veces adversos, competían por cruzar la Cordillera el mayor número de veces. En pocos días, 180 toneladas de auxilios se encontraban en suelo chileno. La medicina, el capote del soldado, la frazada, la galleta y toda clase de alimentos llegaron hasta los hogares.

Muchas familias se han cobijado bajo el techo construido con chapas argentinas, clavos argentinos, martillos argentinos. Y ese martillar ruidoso, responde como un eco del latir de corazones de hombres silenciosos, cuyo espíritu de luchas la catástrofe no pudo destruir y que soportan con altivez su angustia, pero cuya emoción se asoma en el brillo de sus ojos, pues saben que junto a ellos está presente el hermano argentino.
Después, la inclemencia del tiempo detuvo a los aviones. Sin embargo, la decisión estaba tomada: los auxilios debían llegar a Chile. No hubo titubeos, una larga cadena amarró su primer eslabón en la estación de Bariloche y serpenteando pasó por Pañuelo, Puerto Blest, Puerto Alegre y Puerto Frías. Todos los obstáculos fueron dominados.

Oficiales, Suboficiales y jóvenes soldados del Ejercito Argentino, Gendarmería y Parques Nacionales lancheros y capitanes, fueron duramente castigados por los elementos que, en esos días se enardecieron como para poner a dura prueba el temple del espíritu y del cuerpo. El viento helado, azotaba cruelmente las caras y las manos, la nieve hincaba sus garras heladas en los ojos, el hielo en los caminos ponía en peligro a los camiones y las aguas turbulentas del lago amenazaban a las embarcaciones. La Modesta Victoria, con sus heridas aún abiertas, surcó innumerables veces las aguas del Nahuel Huapi con sus estibas y cubiertas repletas, por la misma ruta que tantas veces hiciera desbordante de turistas alegres.

Pero aquellos rostros de soldados estaban sonrientes y las manos rojas por el frío no descansaron en su actividad, cada jornada agotadora duró 24 horas. Siguiendo esta cadena, 240 toneladas más de auxilios llegaron hasta Chile.

La naturaleza que se prodigio en estas latitudes donando la expresión de su más pura belleza en lagos y ríos cristalinos imponentes, hermanó a Chile con la Argentina en un abrazo de espléndido verdor y como para poner a prueba esa fraternidad espontánea, surgió la majestuosa Cordillera de los Andes, tendida como un inmenso brazo de gigante, barrera ciclópea y nido de cóndores. Jalonados de nieves eternas, sus aguzados picachos parecen desafiar arrogantes la buena voluntad de los vecinos. Pero sus cumbres han sido dominadas. Primero en derrotar al gigante de Piedra fue el Ejercito Libertador, que llevó su hálito de libertad hasta el Pacífico.

La historia común se abrió paso pujante y más tarde el soplo del progreso horadó sus entrañas, para permitir el flujo de benéficas corrientes de intercambio y buscar la natural salida de los productos agrícolas y mineros. Hemos vencido una vez más a la que antaño fuera un obstáculo y que ahora es el cordón umbilical que
tonifica a los corazones vigorosos de nuestros pueblos, que laten al unísono.
Muchas páginas tiene la historia común de Chile y Argentina. Otras más se han agregado escritas por la generosidad , por las fatigas y el estoico sacrificio de nuestros hermanos argentinos al cumplirse esta hazaña, esta admirable jornada que para siempre quedará grabada en nuestros corazones.

A estos soldados, suboficiales y oficiales, andinistas y funcionarios, Gendarmería y Parques Nacionales, radio operadores, bomberos voluntarios y policías, a los pobladores de Bariloche que hicieron gala de generosidad, a las autoridades, soldados todos en esta batalla victoriosa, en nombre del excelentísimo señor embajador de Chile en Argentina, don Sergio Gutierrez Olivos, en el de mis connacionales y en el mío propio, hago llegar una vez más en este día que tiene tan alto significado para la República Argentina, nuestro más emocionado y profundo reconocimiento.
Bariloche, 9 de Julio 1960



Goffredo Bollo Aravena
Cónsul de Chile
Anuario del CAB, 1960, Páginas 15 a 17.

Hans Schulz
Barilochje2000

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