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viernes, 13 de enero de 2012

El primer hombre blanco que llegó al Nahuel Huapi

Muchos hechos de nuestra historia tienen fechas confusas o aún no verificadas. De quien sí tenemos la certeza de que llegó al Nahuel Huapi y le correspondería por consiguiente el mérito del descubrimiento del famoso lago, fue el capitán Juan Fernández en 1620. La increíble leyenda de los Césares
Es esta una ciudad encantada, no dada a ningún viajero descubrirla (…)

(01/07/11)

Durante muchos años el privilegio de haber descubierto el "Gran Lago" fue atribuido al capitán Diego Flórez de León, maestre de campo, caballero de la orden de Santiago y de distinguida actuación en la conquista de Chile.
El equívoco tuvo origen en un documento inédito que el investigador y erudito chileno José Toribio Medina publicó en 1898.

El documento era un memorial de Flórez de León al Rey, sin fecha y que Medina atribuye a los años 1620 y tantos, en el cual este capitán ofrecía su concurso personal y pecuniario para organizar una expedición en búsqueda de los legendarios Césares y sobrevivientes de las expediciones de Pedro Sarmiento de Gamboa y del obispo de Plasencia que se perdieron en el estrecho de Magallanes.

Para reforzar su solicitud al Rey, Flórez de León incluye en su memorial la narración de la «entrada» de Juan Fernández y su llegada al lago. Fonck, en 1900, aceptó sin mayor crítica la atribución de Medina que adjudicaba la jefatura de la expedición descubridora a Flórez de León y, basándose en una nota de Barros Arana, la fechó antes del 28 de febrero de 1621.

La versión de Fonck fue seguida finalmente por los tratadistas hasta que historiadores contemporáneos, releyendo cuidadosamente y con mayor sentido crítico el texto publicado por Medina, hallaron el verdadero descubridor, que no hay que confundir con su homónimo el descubridor de las islas que llevan ese nombre y que falleció poco antes de finalizar el siglo XVI.

El documento en cuestión dice lo siguiente: «Y porque el descubrimiento de los Césares y de aquellos españoles que se perdieron en el navío del Obispo de Plasencia, y quedaron en la ciudad de San Felipe, que en el estrecho fundó el capitán Pedro Sarmiento de Gamboa, de lo que los historiadores hacen tanta mención, cosa tan deseada en el Perú por la mucha gente y riqueza que promete: me ha parecido por fin desta materia y por pertinente á ella, poner á la letra la relación que últimamente se tuvo en Chile del Capitán Juan Fernández, que por orden del gobernador Don López de Ulloa y Lemos, fue el año de 1620 con cuarenta y seis hombres a descubrir las noticias destas gentes por la parte de Chiloé y por Valdivia

La leyenda de los Césares

Como vemos por este último párrafo y el comienzo del texto citado, el motivo de la expedición de Juan Fernández fue «el descubrimiento de los Césares y de los náufragos españoles que se perdieron en el Estrecho».

Los Césares fueron los míticos habitantes de una fantástica ciudad ubicada en un impreciso lugar de la Patagonia que como otras legendarias regiones, El Dorado o el País de las Amazonas, fueron fruto de la fértil imaginación de los conquistadores.

En busca de esta fabulosa ciudad, que nadie había visto pero que muchos describían con lujo de detalles y que sólo la exaltación y credulidad de la época pueden explicar, se realizaron numerosas expediciones, que a su vez generaban otras, con lo cual la supervivencia de la leyenda estuvo asegurada por muchos años.
Comenzó a difundirse a mediados del siglo XVI y aún exaltaba la imaginación hasta bien entrado el siglo XVIII.

En la búsqueda de la ciudad encantada los españoles eran alentados por las descripciones que de sus mismos establecimientos les hacían los indígenas. La incomprensión de la mentalidad y forma de expresión del indio les impedía reconocer fundaciones españolas que, ya sea por las dificultades de noticias o bien por falta de un plan orgánico de colonización, desconocían, y así no hacían más que seguir sus propios rastros.

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