Páginas

viernes, 13 de enero de 2012

Cuando nacía la visión turística de Villa la Angostura

Hace 82 años, un 1º de noviembre de 1929, Primo Capraro iniciaba la ampliación de su hospedaje para transformarlo en un establecimiento que haría historia: el Hotel Correntoso. Recién 3 años después se haría el acto fundacional de Villa la Angostura.
Una postal que sorprendía a todos los visitantes: la nieve y el azul infinito del Nahuel Huapi. Click en la foto para ampliar.

(04/11/10)

El 1º de noviembre de 1929 se iniciaban los trabajos en el Hotel Correntoso encargados por Primo Modesto Capraro quien decide ampliar su teoría visionaria basada en la explotación turística del Lago Nahuel Huapi, ya que, desde 1924 - fecha del primer contingente organizado de turistas que arribaron en forma expresa al paraje “Correntoso” - llegaban año a año, decenas de turistas ávidos por conocer esta hermosa comarca.

Éstos arribaban en tren hasta Bariloche, y desde allí en “El Cóndor” hasta el paradisíaco lugar. Para tener una idea más exacta de las peripecias de un turista porteño que decidía visitar la zona de Correntoso, se requería nada más -y nada menos- que 7 trasbordos de ferrocarril, balsa y automóvil hasta llegar a esta hermosa zona cordillerana.

Estas primeras excursiones organizadas (febrero de 1924) fueron proyectadas y llevadas a cabo por la “Comisión Pro Parques del Sur”, cuya mesa directiva se trasladó ese mismo verano al Nahuel Huapi. Los viajes de excursión se realizaban en combinación de los FF.CC. del Estado, con el F.C. del Sud y en automóvil desde punto de rieles a Bariloche y el precio del pasaje era de m$n 420. Desde allí, en la lancha de Capraro se los llevó en un paseo lacustre hasta Puerto Manzano y el Correntoso.

Se recuerda que entre los integrantes de esta comisión honorífica estaban dos pobladores de esta zona: Ernesto Jewell, vocal, y Luis Ortiz Basualdo, secretario. Además estaba compuesta por: Manuel A. De Montes de Oca, presidente, Aarón de Anchorena, vicepresidente, Carlos A. Tornquist tesorero, Horacio Anasagasti, secretario general, y Honorio J. Pueyrredón, Leopoldo Melo, Enrique Saint, Conrado Molina y Fermín Ortiz Basualdo, vocales.

Propuestas turísticas

Primo Capraro, acorde con la nueva tendencia diseñó un programa opcional para poder ofrecer a los ilustres visitantes los servicios en su hotel y de sus embarcaciones, en su mayoría turistas de alta clase social.

La activa Comisión - ante la lenta pero satisfactoria respuesta de los contingentes turísticos - le recomienda a Capraro que combine nuevas excursiones con las estadía en su Hotel o solo como excursiones alternativas. Fue así como en agosto de 1927 le escribe a Pablo Gross, quien estaba por entonces como encargado de la isla Victoria: “...me ha venido la idea de preguntar si usted estuviera dispuesto a recibir cada lunes, miércoles y viernes los turistas a fin de hacerles ver la Isla y ofrecerles un lunch o almuerzo...”.

Por entonces le encargó al constructor Enrique Lunde la ampliación de su pequeño hotel. En esta forma el establecimiento llegó a tener veinte habitaciones, un gran estar-comedor, y su construcción de buena calidad y detalles de terminaciones en madera, comenzaban a darle jerarquía al hotel que Capraro soñaba. Las actividades se organizaban, contando con paseos por el lago. En la playa Ultima Esperanza, había mandado construir unos bancos y mesas de madera, en donde se trasladaba a los turistas para conocer, pasar el día en lugar solitario, o simplemente disfrutar de un buen té.

La lancha “Comodoro Rivadavia” se había construido exclusivamente para uso turístico, y su recorrido llegaba al Paraje Correntoso con una capacidad de 17 pasajeros. Además se hacía puerto en la Isla Victoria donde se visitaba el vivero de Pablo Gross, Puerto Manzano, donde se encontraba la hostería y proveeduría de los suizos Pablo Buol, Leonado Arduser y la familia Rahm. Allí se ofrecían distintas opciones de dulces caseros, jaleas y licores realizados en base a sus propios cultivos en la misma península.

Otra opción era la combinación desde el “Correntoso” - así se designaba el lugar desde principios de siglo - hasta Puerto Blest, donde se desembarcaba, y a través de la Empresa la “Suizo Sudamericana“ (en realidad se llamaba “Andina del Sur”) se realizaba una excursión por el Paso Pérez Rosales.

Buen comer y esquí
En el mismo Hotel Correntoso se ofrecía una gran variedad de platos con buen nivel en su calidad gastronómica, pues el tiempo de hospedaje de los turistas, rondaba en un mínimo de veinte a treinta días.

Durante el invierno se promocionaba el hotel, con el traslado de los turistas al Cerro Dormilón, donde se contaba con más de cuarenta kilómetros cuadrados de pistas naturales para la práctica del esquí.

Una de las opciones que se les ofrecía durante la temporada estival eran las caminatas o excursiones hasta el mirador Belvedere. Así, a primera hora de la mañana salían a caballo peones del hotel con todos los elementos para el asado del mediodía. Al llegar el contingente a pie se les ofrecía un copioso almuerzo con una excelente vista hacia el Lago Nauel Huapi. Aquellos que querían, continuaban el camino hasta el “Cajón negro” y hacían cumbre en el Cerro Belvedere16.

También se organizaban otras excursiones con destino al antiguo mirador del Lago Espejo (hoy en desuso), Cerro Panguinal y Última Esperanza. Más adelante, luego de su descubrimiento, se sumó la excursión hasta el “Cohiue el abuelo”.

Es de destacar que por esta época, no existían aún proyectos hoteleros de esta magnitud, debido a que aún no se había construido el Lla Llao (Argentina) o el Hotel Puyehue (Chile), razón por la cual, resulta admirables los productos y servicios ofrecidos en un sitio tan distante de las grandes ciudades.


Yayo de Mendieta
yayo@demendieta.com.ar

No hay comentarios:

Publicar un comentario