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sábado, 20 de abril de 2013

El monstruo que “incentivó” el turismo en la región del Nahuel Huapi




Hacia fines de 1921 la historia fantástica que comenzó a circular entre los lugareños corrió como reguero de pólvora y rápidamente ocupó la portada de los principales medios de Buenos Aires, había “una fiera de dimensión descomunal”.

La supuesta existencia de ese extraño animal anfibio llegó a las primeras planas de los diarios nacionales. En la foto, listo para “desfilar” en Bariloche.
(12/04/13)

Corría el año 1921 y en Epuyén, en el Oeste de la provincia del Chubut, la vida era mundana y sin demasiadas emociones. Sólo para algunas personas que conformaban la pequeña comuna el lugar tenía un sentido especial. Eran los buscadores de oro, animados por el sueño de hacerse ricos con las bondades de la naturaleza.

Martín Sheffield, un aviador norteamericano, había aterrizado tiempo atrás en El Bolsón casi sin proponérselo como parte de una aventura de surcar los cielos patagónicos emulando al célebre Antoine de Saint-Exupéry. Al principio, admiró la belleza natural del lugar y quedó impactado. Luego su ambición lo llevó a sumarse a los buscadores de oro. Con un sistema primitivo y ayudado por un solo hombre obtenía hasta 40 gramos de pepitas y podía vivir bien.

La Patagonia era sin duda fantástica para Sheffield. Después de procesar las pajuelas del oro se hacía tiempo para caminatas largas en el lugar. Con perros y arma en mano, solía practicar algo de caza y de paso conseguir el alimento sin costos. Una tarde, el americano recorría una laguna de la zona cuando el silencio imperioso, que apenas se acompañaba del sonido del viento que hacía flamear algunos árboles y plantas, se interrumpió con chasquidos en el agua. De repente sumergió a la superficie un enorme animal con cabeza de cisne. Su dimensión era descomunal y el movimiento en el lago hacía suponer un cuerpo como de cocodrilo. La aparición fue efímera pero la conmoción y la incertidumbre, convertido en mito, se mantiene hasta nuestros días.

La intriga del americano aumentó y decidió seguir los pasos del animal. Una noche, logró registrar un rastro en el pasto cerca de la laguna donde tenía su puesto de cazador, próximo a la laguna.

“El rastro es semejante a la huella de una chata muy pesada, la hierba quedó aplastada y no se levanta más, lo que hace suponer que el animal que por allí se arrastra debe ser de un peso enorme”, le escribió Sheffield al entonces director del Jardín Zoológico de Buenos Aires, Clemente Onelli, en un intento por despertar el interés de otros para atrapar a la bestia.

Hacia fines de ese año la historia fantástica que comenzó a circular entre los lugareños corrió como reguero de pólvora y rápidamente ocupó la portada de los principales medios de Buenos Aires: “Un ciudadano norteamericano radicado en el lugar dijo haber visto en una laguna de la zona a una fiera con cabeza parecida a la del cisne, de dimensión descomunal”. Enseguida la prensa bautizó al misterioso animal con el nombre de “Plesiosaurio del laguito Epuyén”.

La importancia mediática que cobró la singular aparición llevó a los directivos del diario La Nación a estar a la vanguardia en la información. Se encargó entonces armar una expedición para buscar al Plesiosaurio de la Patagonia. La iniciativa fue de Onelli, deslumbrado en esos días por los relatos del americano que le escribía desde el Chubut pidiendo colaboración para dar con el animal.

El entonces director del Jardín Zoológico de Buenos Aires conocía muy bien la zona de la cordillera. El naturalista había cumplido una gran tarea al servicio de la Comisión de Límites bajo la directiva del Perito Moreno y estaba bien informado de los hallazgos de restos fósiles en la región patagónica. Sabía que no lo encontraría vivo, pero la ocasión se presentaba ideal para promocionar las tierras sureñas que tanto había apreciado en sus largas cabalgatas.

El Viaje

Desde un primer momento Onelli sabía que el gobierno nacional no financiaría la búsqueda. El Presidente Hipólito Irigoyen se ocupaba por aquellos días de apoyar a Marcelo T. De Alvear, el candidato que el radicalismo había elegido para las elecciones de 1922. Apeló entonces a la contribución de la prensa bonaerense y consiguió el dinero.

De Buenos Aires los expedicionarios partieron por separado para reunirse en Bariloche en la primera quincena de abril. Lo hicieron así para mantener en reserva el viaje y para que nadie se adelantara en llegar al lugar, de fácil y frecuentado acceso para automóviles. “He dejado que la opinión general siga creyendo que el denunciador había visto al animal exageradamente monstruoso en la laguna de Esquel”, escribió en las instrucciones reservadas para el grupo el organizador Emilio Frey.

Onelli, conciente de su precario estado de salud, invitó a su amigo el ingeniero Frey para que ejerciera la conducción de la expedición. Desde 1897 éste trabajó en la Comisión de Límites con Chile y exploró y levantó el plano de la región desde un poco más al sur del Lago Nahuel Huapi hasta los precipicios y cañones al suroeste de la Colonia 16 de Octubre.

También formaron parte del grupo el administrador del zoológico, José María Cinaghi; el taxidermista de la institución científica más importante del país, Don Alberto Merkle; el corresponsal del diario La Nación y la Agencia Associated Press, señor Estrella; el periodista independiente doctor Vaccaro; y Don Santiago Andueza.

Aunque el motivo del viaje era encontrar a la misteriosa bestia se encargaron otros trabajos como averiguar la existencia de un mamífero carnicero más grande que el puma, que los indígenas llamaban Yemisk, y de un anfibio más grande que el lobito del río, llamado también Bullin. Además se debían recolectar animales vivos para el jardín zoológico y para el Museo de La Plata, que había facilitado al taxidermista, se debían hacer herbarios, recolectar fósiles, hacer esqueletos y preparar las pieles.

Frey viajó en tren hasta Plottier y luego fue llevado en automóvil hasta Bariloche. El jefe de la estación ferroviaria de San Antonio Oeste dio instrucciones a Esquel para que les prestaran los auxilios necesarios, e informó que en Punta Rieles había a disposición de la pequeña expedición dinamita y sus correspondientes mechas de tiempo.

El 19 de abril partieron desde Bariloche en dos autos hacia el sur, para llegar a la mina de carbón que administraban los ferrocarriles del estado en Epuyén. Consiguieron seis caballos y un carro, con los que se acercaron al lago y al puesto del cazador. Sorpresa fue no encontrar al señor Sheffield en su rancho. Estaban solamente su esposa y alguno de sus doce hijos. Don Martín se encontraba en la casa del paraje Los Repollos, cerca de El Bolsón, donde la familia vivía la mayor parte del año.

El ingeniero Frey ordenó levantar campamento en la otra ribera del laguito, que tiene unos 300 metros de diámetro. José, uno de los hijos del cazador, los condujo al lugar donde estaban los rastros, ya muy borrados y que podían haber tenido un ancho de 30 centímetros.

Los permanentes rastreos por la ribera y la zona aledaña, aunque sin resultados positivos. Después de varios días de vigilancia por turnos y rastrillajes no se encontraron señales evidentes de la existencia del monstruo. Se hicieron explotar entonces, tal como se había previsto, media docena de cartuchos de dinamita en la laguna. El informe dice que ni siquiera apareció algún pejerrey, tan frecuentes en el río Epuyén.

Con las primeras nevadas que anunciaban la llegada del invierno, los expedicionarios volvieron al alojamiento en la mina no sin antes recomendar a los lugareños máxima atención a la aparición del animal, por el que también se ofreció una importante recompensa. El grupo volvió después de varios días a Bariloche y se trasladó por agua hasta Neuquén, consecuencia de la acumulación de nieve que hizo intransitables los caminos de tierra. El mito del plesiosaurio marca un hito para la Patagonia. Y son muchos los que aún siguen creyendo en su posible existencia, aunque más no sea para fomentar el turismo por estas latitudes.

El desfile del plesiosaurio

Nelly Frey de Neumeyer en un artículo sobre la historia del plesiosaurio publicado en 1988 en la Revista Patagónica que dirigía Antonio Torrejón cuenta una anécdota que refleja el impacto que tenía en la “opinión pública” la supuesta existencia de ese extraño animal anfibio. La protagoniza don Primo Capraro, pionero de Bariloche, inmigrante nacido en Belluno, Italia, quien tenía instalado un aserradero y depósito junto al desaparecido muelle de la ciudad. Para el carnaval de 1923 Capraro construyó, muy en secreto, un enorme plesiosaurio de armazón de madera, recubierto de arpillera pintada.

Fue la gran atracción de los canavales. Capraro lo montó sobre un camión. Tan largo fue el plesiosaurio que, circulando por la calle Mitre, debía efectuar una complicada maniobra en las esquinas de Quaglia y Palacios, para retornar a la arteria principal. Reproducimos la parte final de esta historia que contó Nelly Frey de Neumeyer: “Fue el carnaval de los carnavales para los que fuimos chicos en aquella época. Don Primo, montado sobre un caballo y disfrazado de Martín Fierro iniciaba el desfile. Lo acompañaba un señor robusto que hacía las veces de doctor Vaccaro, y componían el cortejo otros expedicionarios.

Luego reptaba el gran plesiosaurio y, en la caja del camión, los chicos de Bariloche, disfrazados de caballeros y damas antiguas, japonesas y otras especies. ¿Qué chicos del mundo han viajado en plesiosaurio?”. (APP)

17 de Abril Día del Policía neuquino



El primer policía del territorio fue Don Benjamín Belmonte, quien por entonces sufría continuos ataques indígenas hostiles y muchas veces con la participación de blancos que sacaban buen provecho de la situación. Un poco de su historia
(17/04/13)
El 16 de octubre de 1884 se promulgo la ley Nº 1532 por la que se crearon los Territorios Nacionales, nombrándose luego los respectivos gobernadores.
olascoaga
Con esta norma se establecieron divisiones o límites geográficos dentro de esa gran y extensa porción del territorio patagónico que constituía la Gobernación de la Patagonia. Entre los nuevos territorios se erigía "el Territorio Nacional del Neuquén". El 25 de noviembre de 1884 fue designado su primer gobernador, el Coronel Manuel José Olascoaga. Desde esa época y hasta la provincialización, la Policía del Neuquén estaba subordinada al régimen de la Policía de los Territorios Nacionales a través de su Estatuto Orgánico, aprobado el 22 de enero de 1946. En 1955, con la promulgación de la Ley Nacional 14.408 se determina la provincialización de todos los Territorios Nacionales existentes, por lo que los organismos públicos cesaban en su dependencia del Gobierno Nacional creando a su vez los órganos necesarios para su funcionamiento conforme lo prevé la Constitución Nacional. De este modo, el día 17 de abril de 1957, mediante el Decreto Nº 1205, se creó la Policía Provincial.
Creación del Departamento de Policía y designación del primer Jefe:
Durante la administración del primer gobernador, el Coronel Manuel José Olascoaga, se organizó el Departamento de Policía, creándose los cargos de Comisario de acuerdo al presupuesto del Territorio y dictándose varias disposiciones de orden administrativo. Don Juan E. Vázquez, fue el primer Jefe de Policía del Neuquén y actuó al frente de la Repartición hasta el 8 de diciembre de 1886.El 4 de agosto de 1887, simultáneamente con el establecimiento de la capital territorial en Chos Malal, se instaló el primer Cuartel de Policía. Este cuartel se ubicaba en la elevación conocida como el "cerrito", donde originariamente estuvo emplazado el Fuerte IV División, frente a la plaza San Martín, donde hoy funciona el Museo Municipal. Allí tenían su sede las autoridades policiales y, en parte de la edificación existente, se alojaban los presos y contraventores.

Primer Comisario de Policía:
En el año 1879, cuando la IV División de Ejército que comandaba el Coronel Napoleón Uriburu marchaba en su expedición por el norte del entonces Territorio Nacional, encontró en el paraje que se conocía por el nombre del "Malbarco", una población próspera dedicada a la ganadería, aprovechando las aguadas y la pastura de sus excelentes campos. En vista de ese panorama y las auspiciosas posibilidades que la zona ofrecía, Uriburu consideró a "Malbarco", como la mejor tierra que había hallado y de inmediato resolvió crear una colonia con el nombre de "Roblecillos", con el que afirmaba la causa de la civilización y daba sentido de soberanía a una población en ese apartado rincón de la Patagonia.Belindo Gonzalez
Es por ello que el 28 de julio de 1879, nombró Comisario de Campaña, con autoridad absoluta a Don Benjamín Belmonte. Esta persona quedó a cargo del servicio, con escasas armas y algunos soldados, investido de plena autoridad para que administrara e impusiera las leyes del país. La Colonia no tuvo problemas en sus comienzos pero cuando se alejaron las tropas del Ejército, comenzaron los peligros por el asedio y los continuos ataques indígenas hostiles y muchas veces con la participación de blancos que sacaban buen provecho de la situación.

En este contexto, Belmonte organizó la Guardia Nacional con las pocas armas que contaba y con algunos voluntarios. A fuerza de coraje rechazó repetidas invasiones y libró duros combates. De esta forma, procuró establecer el orden y brindar la seguridad que requerían los habitantes, abarcando la región de Cayanta, Guañacos y Varvarco (hoy jurisdicción del Departamento Minas). En esa zona, a duras penas, administró justicia criolla. Pero un día, cuando constató un contrabando de ganado a Chile por un paso no habilitado, su acción fue violentamente resistida por uno de los contrabandistas, a quién dio muerte. Días mas tarde la muerte fue vengada por familiares del cuatrero muerto, quienes aguardaron a Belmonte emboscándole y desde atrás le propinaron un golpe en la cabeza con una barreta. Falleció casi en el acto.Así murió en el año 1882, el primer Comisario que tuvo Neuquén y también el primer hombre civil que ejerció funciones de autoridad nacional con plenitud de poderes.En el Destacamento Policial de Varvarco un monolito y una calle en la ciudad de Neuquén, honran su memoria y sacrificio.

Primer Comisario de Neuquén Capital:
Fue Don José Belindo López, quien se desempeñaba al frente de la Comisaría del paraje "Confluencia".jose_belindo_lopez
El 12 de septiembre de 1904 se instaló en la Ciudad de Neuquén, la flamante capital del Territorio Nacional de Neuquén. El Comisario López tuvo participación en el traslado de la misma desde su anterior sede en Chos Malal, colaborando activamente con el Gobernador Bouquet Roldán. Integró la comisión que se encargó de la recepción y estadía del Ministro del Interior, Dr. Joaquín V. González, y, al estar acéfala la Jefatura de Policía, fue designado Jefe de Policía en forma interina hasta el nombramiento del titular. Sanjuanino de nacimiento, poseía una elevada cultura y dotes personales que lo distinguían en el medio social. Su paso por la Institución dejó como una impronta indeleble su rectitud y caballerosidad, prestigiándola son sus elevadas acciones. Su señora esposa organizó un reducido grupo de damas que posibilitó la instalación de la tradicional Escuela Nº 2, el 10 de enero de 1904.La comunidad neuquina honró su figura con la imposición de su nombre a una calle y a una Escuela Primaria en el barrio Copol-Alta Barda. No por ello debemos olvidar tampoco que antes del Comisario López y cuando aún no se pensaba siquiera en mover la capital del Territorio desde su anterior asentamiento, hubieron varios funcionarios que desempeñaron en el caserío de la "Confluencia" las tareas de Comisario. El primero fue el señor Doroteo Plot y Lorea, también honrado con el nombre de una calle en Neuquén, quién fue nombrado en carácter "ad-honorem" por el gobernador Olascoaga, el 14 de noviembre de 1889.
Servicio Aéreo Policial:

Durante la gestión del Coronel Carlos H. Rodriguez, en el año Comisario Ramón Calderón1933,foto5
se incorporaron dos aeronaves biplanos "Curtiss Fledling" y con las que se creó el Servicio Aéreo Policial de la Gobernación. Al frente del mismo se nombró Comisario Aviador a Don Ramón Calderón, ex-Sargento Ayudante Piloto Militar, y como mecánico de pista se desempeño al Cabo Escribiente Rafael Medina. Este servicio en cierta forma se constituyó luego en el justificativo para la adquisición de las tierras donde se construyó el aeropuerto, como también la motivación para el nacimiento del Aeroclub Neuquén en el año 1936.
Creación del Cuerpo de Bomberos:
Si bien, el Gobernador Cnl. Francisco Denis, en 1920, tuvo la iniciativa de establecer una Sección de Bomberos, anexa a la Jefatura de Policía,
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fue recién con la emisión del decreto del Poder Ejecutivo Nacional Nº 11.298/46, que comenzó la organización de los cuerpos de Bomberos en los por entonces Territorios Nacionales.El Cuerpo de Bomberos neuquino se organizó el 1º de agosto de 1947, durante la Gobernación del Señor Emilio Berenguer, designándose como primer Jefe al Oficial Juan José Martín, quien había realizado un curso teórico-práctico de la especialidad en la División Bomberos de la Policía Federal Argentina. La sede original se estableció en la esquina de la Avenida Olascoaga y la calle Libertad de la ciudad de Neuquén.
Creación de la División Comunicaciones:
Subcomisario Francisco GuarigliaSu fundación fue el 19 de agosto de 1949 durante la gobernación de Don Pedro Julio San Martín y la Jefatura de Don Carlos A. Troncoso.division_comunicaciones
En esa fecha fue aprobada la Resolución de la Jefatura de Policía por la cuál se creaba la "Sección Comunicaciones" de la Policía del Territorio Nacional del Neuquén.Si bien ya se habían habilitado algunas estaciones radiotelegráficas en localidades del interior, la creación de esta dependencia significaba establecer una red de comunicaciones policiales que permitiera mantener en contacto a Neuquén capital con las poblaciones más importantes del Territorio. El primer Jefe de esta División fue el Subcomisario Adolfo Francisco Guariglia. En julio del año 1955 se habilitó la planta transmisora ubicada en Colonia Confluencia, la cuál contaba con un sistema de antenas dirigidas y equipos de alta potencia.
Creación de la Policía Caminera:
En 1914, durante la gobernación de Don Eduardo Elordi, se dispuso que la Policía desarrollara obras camineras, contribuyendo a su mantenimiento, auxiliando a quienes quedaban varados o impedidos de transitar. También participaron en el trazado de nuevos caminos para establecer una mejor comunicación entre las dispersas poblaciones, construcción de puentes, facilitar el desplazamiento de los primeros automotores, etc. De esta forma, los funcionarios policiales se convirtieron en los primeros obreros u operarios viales de Neuquén.Más adelante, a través del Decreto Nº 0652, del 03/06/1960, se crea la Policía Caminera de la Provincia del Neuquén, dependiente de la División Seguridad. Su misión era el control y el ordenamiento del tránsito vehicular. Luego, la norma de creación original es suplida con una de rango superior. A través de la Ley Nº 152, promulgada por el Decreto Nº 0882 del 26 de julio de 1960, se crea, en definitiva, la Policía Caminera, con jurisdicción en toda la provincia. Su primer Jefe fue el Oficial Principal Rodolfo Risso Patrón.
Creación de la Escuela de Policía:
El aspecto relacionado con la formación y capacitación de los policías, siempre fue una preocupación y tema prioritario por cada una de las conducciones superiores institucionales desde los comienzos de la organización territorial.
cadetes_1963
Si bien en forma esporádica se dictaban cursos para algunas jerarquías, debieron transcurrir unos cuantos años hasta que con la aparición del Decreto Nº 648, del 1º de junio de 1960, se creó la Escuela de Policía de la Provincia del Neuquén. Esta decisión fue finalmente aprobada con el dictado de la Ley Nº 208, promulgada el 10 de julio de 1961. Posteriomente, en el año 1963, se le impuso al establecimiento el nombre de "Crio. Inspector Adalberto Staub" y el 21 de diciembre de ese año egresó la primer promoción de Oficiales Ayudantes.Razones de índole presupuestaria no permitieron proseguir con su funcionamiento y en el año 1967, convenio mediante, los Cadetes de Policía neuquinos, aspirantes a oficiales, fueron formados en la Escuela Regional de la Policía de Rio Negro con sede en la ciudad de Viedma. Finalmente, a partir del año 1972, la Escuela de Cadetes de Neuquén reinició sus actividades, continuando hasta el presente preparando y formando a los futuros conductores de la Institución.

A 65 años del primer vuelo comercial uniendo Villa la Angostura con Bariloche




Fue un 18 de abril de 1948 aunque el servicio de taxi aéreo comenzó a operar en un hidroavión Grumman G-21. Uno de los vuelos más solicitados era “Hotel Correntoso- Puyehue”, aunque también los turistas volaban hasta Puerto Varas y Osorno, en Chile.

El Grumman G-21, que tenía una capacidad para seis pasajeros, con el Hotel Correntoso de fondo. Click en la foto para ampliar.
(18/04/13)

Un hecho muy particular para la región fue, cuando a partir de 1947, comenzó a funcionar un servicio progresista para la época, se trataba de la empresa de taxi aéreo “Taryta”, Taxis Aéreos Representaciones y Trabajos Aeronáuticos, de Camilo Pefaure y Baratta.

Para llevar adelante este emprendimiento, los jóvenes empresarios compraron un avión Grumman G-21 A Goose un 29 de noviembre de 1947. La aeronave fue fabricada en Estados Unidos en 1937, su número de serie era 1004, y poseía dos motores Pratt & Whitney R-985-5B con 450 Hp de potencia cada uno, una velocidad crucero de 295 km/h, y una autonomía de casi 90 kilómetros.

Este avión fue matriculado en la Argentina como LV- AFP; tenía una capacidad para seis pasajeros, con 10 kgrs de equipaje como máximo por persona, aunque la empresa aclaraba que ”de no llevar equipaje se puede llevar un pasajero adicional”.

Un experimentado piloto

En abril de 1948 la firma “Taryta” recibe la autorización para operar servicios no regulares de taxi y turismo. El piloto era el conocido aviador José Luis Pefaure, quien contaba con “más de 4.000 horas de vuelo, 12 años de Instructor en la Escuela de Aviación Naval de la Marina de Guerra y 17 años de actuación en total”, detallaba el folleto de la empresa.

Lo acompañaba como copiloto el mecánico Miguel Recalde quien contaba con una amplia experiencia “de más de 20 años de actuación en la Marina de Guerra y en las Líneas Transatlánticas de Buenos Aires a Londres de la Cía Dodero, y A.L.F.A. a Asunción del Paraguay”.

Excursiones aéreas para los turistas

De esta manera los pasajeros del Hotel Correntoso comenzaron a utilizar este avanzado servicio para realizar diversos viajes, así por ejemplo: un vuelo desde Bariloche hasta el Hotel Correntoso tenía un costo de $ 33 ida y $ 43 ida y vuelta por persona, un paseo aéreo que abarcaba el circuito turístico “Hotel Correntoso, Isla Victoria, Llao Llao, Traful, Valle encantado y Bariloche” tenía un costo de $ 90 por persona y de $ 630 por el avión completo.

Mucho éxito obtuvo este servicio aéreo que ofrecía diversas opciones para volar hasta Chile. Uno de los más utilizados era “Hotel Correntoso- Puyehue” que, por sólo $ 60 por persona, llevaba a los pasajeros hasta este hermoso lugar al otro lado de la cordillera. Por sólo $ 112 también podían acceder hasta Puerto Varas, y por $ 134 hasta la ciudad de Osorno.

Angostura-Buenos Aires en vuelo directo

Distinguidos pasajeros optaban por realizar el viaje “Buenos Aires - Hotel Correntoso” en forma directa por $ 1.110 por persona, ida y vuelta, y en varias oportunidades, familias de renombre, alquilaban el avión completo por $ 6.600, valor muy significativo para la época.

En 1950 la Empresa “Taryta” intentó implementar un servicio aéreo regular en la región uniendo los puntos turísticos más representativos, entre ellos, el Hotel Correntoso, pero este emprendimiento fracasó por los altos costos de operatividad.

Finalmente el 18 de julio de 1951, los socios Pefaure y Baratta decidieron vender el avión Grumman a Federico Fuehrer, dándose por concluida esta pintoresca etapa del servicio aéreo con que contaban los huéspedes del Hotel Correntoso.


Yayo de Mendieta
yayo@demendieta.com.ar
Villa la Angostura

jueves, 21 de marzo de 2013

La primera exploración científica al Nahuel Huapi


En 1856 el gobierno chileno encomendó al doctor Francisco Fonck la continuación de las exploraciones. Este fue quien realizó el primer reconocimiento del lago Nahuel Huapi con carácter científico. Parte I.
Doctor Francisco Fonck.
(22/02/13)

En 1856 el gobierno chileno encomendó al doctor Francisco Fonck la continuación de las exploraciones. Este fue quien realizó el primer reconocimiento del lago Nahuel Huapi con carácter científico. Lo acompañaron el colono e ingeniero alemán Fernando Hess, el piloto Pedro María Uribe y el indio Juan Currieco que ya había participado de la exploración del año anterior.
El anciano Olavarría era también de la partida, pero enfermó en el lago Llanquihue y tuvo que quedar en Chile.

Salieron de Puerto Montt el 30 de enero de 1856 y por el conocido camino de los lagos y valle del río Peulla avistaron un paso que estiman «es el boquete lejítimo es decir el camino que se deberá tomar en adelante i que ni esta vez ni el año pasado se ha tomado i según parece, tampoco en las expediciones del siglo pasado. Hemos llamado este paso el ‘Boquete de Pérez Rosales’, quien primero tuvo la idea feliz de sacar del olvido aquellas tierras y dió el impulso a todo lo que se hizo después.

Fonck y Hess estaban en lo cierto. No pasó mucho tiempo para que el paso de Pérez Rosales se convirtiera en el camino clásico entre las dos repúblicas.

La razón por la cual estos exploradores y sus predecesores prefirieron el vecino paso de los Raulíes, más escarpado y de mayor altura, estriba en la circunstancia de que ofrecía un camino totalmente terrestre que evitaba la laguna Fría, que por sus escarpadas orillas no podía ser bordeada, y también el pantanoso valle del río Frío no navegable por sus rápidos.

Nuestros expedicionarios, desde su campamento en la laguna de los Cau-quenes, ascienden a un cerro, al E. de aquella y que bautizan 12 de Febrero, por ser el aniversario de la batalla de Chacabuco y de la fundación de Puerto Montt.

El 15 de febrero continúan la marcha por el curso del arroyito que nace en la laguna Los Clavos y llegan a la orilla del lago Nahuel Huapi donde hallan los restos de una antigua piragua del padre Menéndez.
Urgidos por la escasa cantidad de víveres de que disponían, construyen con toda premura una canoa, ahuecando un tronco caído de alerce, en un puerto natural que bautizaron Puerto Blest, en homenaje al intendente de Llanquihue, Juan Blest, amigo de Fonck e impulsor de la expedición. El 18 de febrero se embarcaron en la frágil embarcación Fonck, Hess, Juan Currieco y Pedro María Uribe.

Navegando siempre cerca de la costa por temor a las fuertes e imprevistas ráfagas que suelen producirse en esto lagos, llegan hasta una punta que llamaron San Pedro, en honor al piloto Pedro María Uribe, la que recorren, en parte, a pie.

Divisan una isla grande en el centro del lago, la isla Victoria, a la que bautizaron como Isla de Frai Menéndez.

Cuando estaban por regresar, un temporal los retiene. Con angustia ven pasar los días. Disminuían las escasas provisiones y no había cómo reponerlas. Antes de regresar, dejan clavada en la playa una banderita chilena como símbolo de la posesi6n de Chile y recuerdo del avance. No sin peligro de zozobrar llegan junto a los otros compañeros, que alarmados por el retraso habían comenzado a construir un bote para buscarlos. Regresan por el camino conocido y el 29 de febrero llegaban a Puerto Montt.

La religión de los Tehuelches



"La religión de los tehuelches se distingue de la de los pampas y los araucanos -hoy mapuches- porque no hay en ellas el más mínimo vestigio de adoración al sol, aunque se saluda la luna nueva con un ademán respetuoso acompañado de unas palabras murmuradas en voz baja, que nunca pude alcanzar a oír". Relato de explorador George Musters
(12/03/13)

Estos indios, los tehuelches, creen en un espíritu bueno y grande, que, según la tradición que relató Casimiro para explicar el nombre indígena de la eminencia denominada Colina de Dios, creó a los indios y a los animales, y los dispersó desde esa colina. No estoy del todo seguro de que esa tradición no sea una combinación confusa de la historia de la Creación, contada por los misioneros, con las ideas propias de los indios.

La mente de estos tiene una fuerte tendencia a combinar en esa forma las maravillas que se les cuenta, y también a rematar con otra lo que consideran una leyenda; pero no hay duda de que creen en un espíritu bueno, aunque piensan que este vive “sin cuidarse de la humanidad”.
No tienen ídolos ni objetos de adoración, y, a juzgar por lo que ha podido uno observar en un año de experiencia, no guardan ninguna fiesta religiosa periódica en la que rindan culto al espíritu bueno o al malo.

Lo que dicen a este respecto otros viajeros sólo puede explicarse en virtud de confusos relatos que han atribuido costumbres araucanas a los totalmente distintos patagones. La creencia que impulsa todos sus actos religiosos es la existencia de muchos espíritus malignos, o demonios, activos y perverso, cuyo jefe está siempre en acecho para hacer daño.
Congraciarse o rechazar a ese espíritu es la función del brujo, o doctor, o curandero, que combina las artes médicas con las mágicas, aunque no posee facultades exclusivas para ninguna de ellas.

Todos los sacrificios que se hacen de yeguas y caballos, no en épocas establecidas sino cuando la ocasión lo requiere, como en los casos de nacimiento, muerte, etc., tienen por objeto propiciar al gualichu. Cuando una criatura se lastima, el sacrificio de yeguas parece participar a un tiempo de la naturaleza de una acción de gracias, porque el daño no fue mayor, y del carácter de un acto propiciatorio para impedir nuevos males.

En el campamento, el gualichu tiene su puesto en la parte trasera del toldo, donde acecha la oportunidad de molestar a los ocupantes; y se supone que se deja estar tranquilo mediante los conjuros del doctor, que está dotado no sólo de la facultad de apaciguar al diablo, sino también de descubrirlo con los ojos.
Pregunté a uno de los doctores a qué se parecía el diablo, pero recibí una respuesta avisaba, en vista de lo cual le hice saber que mi diablo tomaba toda clase de formas, pareciéndose a veces como un guanaco, o un avestruz, o un puma, o un zorrino, o un buitre, lo que divirtió mucho al curandero.

Por lo que he podido comprender, se supone que ese demonio familiar se introduce en las diferentes partes del cuerpo de la gente y causa enfermedades para cuya curación se apela al doctor. El tratamiento en casos de dolor de cabeza, por ejemplo, es muy sencillo: el doctor toma la cabeza del paciente entre sus rodillas y, después de una breve ceremonia de encantamiento, grita en los oídos exhortando al demonio a que salga de allí.

Además del gualichu hay muchos otros demonios que, según suponen los indios, habitan en viviendas subterráneas, debajo de ciertos bosques y ríos, y de ciertas rocas de forma particular.

Los indios consideran con superstición ciertos signos y presagios; uno de ellos, especialmente temido, es el grito de la chotacabras, cuando se oye sobre un campamento o sobre un toldo, anuncia enfermedades o muerte para algunos de los ocupantes.
Los indios profesan gran veneración a esa ave y se oponen a que se le haga daño en alguna forma. Otro animal que, según se supone, posee facultades mágicas, es un lagarto achatado como un sapo; creen que este animalito deja mancos a los caballos por algún medio misterioso, y lo matan dondequiera que lo encuentran.

* De "Vida entre los Patagones", Solar/Hachette, Buenos Aires, 1964. Este libro, que lleva por subtítulo "Un año de excursiones por tierras no frecuentadas, desde el Estrecho de Magallanes hasta el río Negro", fue publicado por el marino británico George Ch. Musters en Londres, en 1871, y relata su viaje, realizado entre 1869 y 1870, por el interior de la Patagonia, acompañado de los indígenas.

Dos mil años de intrigas



Santos y villanos. Poder terrenal y espiritual. La historia del papado es también la de luchas sin cuartel o dogmas como la infalibilidad. La “viña devastada por jabalíes” afronta un nuevo capítulo
En la monumental basílica de San Pedro, el centro neurálgico de las ceremonias, se celebran las beatificaciones, como esta de 2005. / Stefano Dal Pozzolo.
(13/03/13)
Entre los muchos papas infames de la historia no es el peor Esteban VI, pero sí el más espantoso. Poco después de su ascensión al pontificado, en la primavera de 896, ordenó desenterrar el cadáver de su predecesor, el papa Formoso, que llevaba nueve meses bajo tierra; se ocupó de que lo ataviasen con las más vistosas vestiduras imperiales; habilitó un pequeño trono para resaltar la vistosidad del momento e inmediatamente reunió en torno un concilio de prelados para someter a juicio al cadavérico Formoso. El acontecimiento se cuenta en diferentes historias de la Iglesia romana como el “Concilio cadavérico” o el “Sínodo del cadáver”.
¿Qué ofensa había infligido Formoso a su fiero sucesor? Nada menos que aceptar serpapa cuando fue elegido para ello, pese a inconvenientes formales. Esteban VI se creía perjudicado, además, porque Formoso lo había nombrado obispo de una diócesis alejada de Roma, lo que le excluía de la siguiente elección según las normas de entonces.
Cuando, pese a todo, fue elegido papa, Esteban VI buscó la manera de acallar las críticas y su posible inhabilitación. Para ello debía anular los nombramientos de su predecesor. El juicio a Formoso (al cadáver de Formoso) podía presentarse, por tanto, como una cuestión de procedimiento. Pero el odio histérico del sucesor despejó dudas cuando los presentes fueron informados sobre la ceremonia a la que iban a asistir.
Un diácono de confianza del papa Esteban debía situarse junto al cadáver en descomposición como su representante legal, para responder a las acusaciones. Y cuando Formoso fue declarado culpable, se amputaron a su cadáver los tres dedos de la mano derecha utilizados para firmar y regalar bendiciones. El resto del cuerpo, desnudado con esmero sobre el trono ante los asistentes –solo se le dejó el cilicio que tenía pegado al cuerpo–, fue arrojado al río Tíber.
Esteban VI acabó de muy mala manera, después de que un incendio (ocasionado por un rayo “de orden del Divino”) destruyó aquel mismo año la basílica de Letrán. Fue una señal que enardeció a los sacerdotes ordenados por Formoso para rebelarse. El papa acabó encarcelado y estrangulado. Uno de sus sucesores, Teodoro II, de brevísimo pontificado –veinte días–, alcanzó a rehabilitar a Formoso, recuperando su cuerpo del Tíber y oficiando nuevo y solemne entierro. Formoso tiene tumba en la basílica de San Pedro.
Este episodio ha sido considerado uno de los puntos más bajos del papado. Ha habido otros peores, aunque menos extravagantes. Eso sí, el “Concilio cadavérico” causó estupor en Roma. Lo demuestra el hecho de que apenas existen datos sobre los papas de aquel tiempo, salvo una mera relación. Sí se sabe que antes de llegar Formoso al pontificado se habían producido altercados y crímenes en varias elecciones. Es el caso de Marino I, que sucedió a Juan VIII en 882 con la misma tacha que manchó a Formoso, es decir, que no debía aceptar el cargo porque ya era obispo de otra ciudad. Esa prohibición de “traslado de sedes” causó muertos sin cuento, entre otros la de un nomenclator (funcionario) papal llamado Gregorio en la basílica de San Pedro, donde (sic) “quedó una mancha de la sangre en el suelo porque lo sacaron de allí a rastras”.
Del sucesor de Marino I tampoco hay buenas noticias. Se llamaba Adriano III, estuvo un año escaso en el cargo y apenas tuvo tiempo para reinar porque no paró de defenderse de facciones y de ajustar cuentas cuando podía. Así, mandó cegar a un funcionario público hostil y azotó desnuda por las calles de Roma a la viuda del ya citado Gregorio, sin que los historiadores alcancen los motivos (o porque sí).
La ‘papolatría’ al uso dice que el pontífice romano es Vicario de Cristo, Sucesor de Pedro, Siervo de los siervos de Dios, Santo Padre y Sumo Pontífice, todo en mayúscula. También es, a efectos de política internacional, Jefe de Estado de una llamada Santa Sede. Además recibe tratamiento de Su Santidad. El inquisidor Roberto Belarmino (1542-1621), el primer cardenal jesuita y verdugo de Giordano Bruno y de Galileo, en su famoso catecismo, en vigor hasta principios del siglo pasado, contestaba a la pregunta “¿quién es cristiano?” de este modo tan curial y actual: “Es cristiano el que obedece al papa”. Un Dios, un Cristo, un obispo, y este, además, investido por el dogma de la infalibilidad y apoyado por incontables medios materiales.
El papado ha perdido poder terrenal, pero el Vaticano tiene rango de Estado. El poderío arranca de la decisión del emperador Constantino de convertir el cristianismo en religión oficial del Imperio Romano
Jesús, el fundador cristiano, entró en Jerusalén a lomos de un borrico. Los papas viajan coronados con la tiara pontificia y se visten como los emperadores romanos, para impresionar. “No fue con un cheque del banco del César con lo que Jesús envió a sus apóstoles a anunciar el reino de Dios”, clamó en el siglo XIX el teólogo francés Robert de Lamennais, tan citado. Así fue como nació y se consolidó, con poder y riquezas, el llamado “Imperio católico”.
Pese a intrigas internas sin cuento, muchas veces resueltas criminalmente, no ha habido un solo aspecto de la vida en que la Iglesia no se creyese con derecho a dar su dictamen e imponerlo. Monarcas autocráticos, los papas practicaron durante siglos la doctrina de Gregorio VII en el texto Dictatus Papae, de 1075: solo el romano pontífice puede usar insignias imperiales, “únicamente del papa besan los pies todos los príncipes”, solo a él le compete deponer emperadores, sus sentencias no deben ser reformadas por nadie mientras él puede reformar las de todos.
El último de esos emperadores (o así se creía) fue Pío XII, soberano entre 1939 y 1958.Obsesionado con el protocolo, los funcionarios debían arrodillarse cuando el papa empezaba a hablar, dirigirse hacia él arrodillados y salir de la habitación caminando hacia atrás. Pese a tanto boato, el papado llevaba medio siglo sin poder temporal, al menos teórico. Stalin, el dictador soviético, lo dejó claro cuando Churchill, en la Conferencia de Yalta en 1945, le informó de la posible participación del papa en las conversaciones de paz, que el premier británico apoyaba. “¿Cuántas divisiones tiene ese papa?”, zanjó Stalin.
Ni tanto, ni tan poco
Ciertamente, la Iglesia romana es hoy una “viña devastada por jabalíes” (escándalos económicos, abusos sexuales a menores, intrigas internas, espionaje entre prelados; “un papa rodeado de lobos”, en fin), como ha reconocido el ya emérito Benedicto XVI.Tampoco tiene ya poder terrenal, aunque sí enormes bienes e incontables ayudas económicas por parte de muchos Estados que, sin embargo, se dicen aconfesionales.
Fue desde una perspectiva de poder absoluto, que aún persiste, como la confesión católica construyó su imperio desde la conocida como “donación de Constantino”, el emperador que convirtió el cristianismo en la religión oficial del Imperio Romano. No tardaron mucho los hasta entonces perseguidos en convertirse en tenaces perseguidores. Calculó Voltaire en 1765 que el cristianismo había causado hasta entonces doce millones de muertos en guerras de religión, cruzadas contra infieles, caza de herejes y de brujas y los autos de fe de la terrible Inquisición.
Pintura 'El papa Formoso y Esteban VI', de P. Laurens.
Esteban VI es el más espantoso. Desenterró el cadáver de su predecesor y rival, lo juzgó y lo arrojó al río Tíber
Suele ponderarse el número de papas proclamados santos. Son muy pocos (apenas el 31% de los fichados como tales papas: 265 pontífices, más o menos). La inmensa mayoría de esos santos (54) pertenece a la prehistoria de esa confesión y murió durante alguna de las persecuciones que los cristianos sufrieron en los primeros siglos. Son, por tanto, papas mártires.
Más tarde, la santidad oficial de Sus Santidades brilló por su ausencia durante siglos. Por volver al tiempo del famoso Formoso, en los dos siglos que van entre Nicolás I (papa en 858-867) y León IX (1049-1054) solo hay un papa santo, el ya citado, de armas tomar, Adriano III. El primer milenio acaba con otros 22 santos, entre los que destaca san Gregorio I Magno (590-604).
El segundo milenio
Ofrece resultados desastrosos para el buen nombre de Sus Santidades, sobre todo en el llamado siglo de la oscuridad. Hubo papas casados, papas con hijos de varias mujeres, papas que abusaban de las doncellas de palacio; papas criminales, pontífices de presidio… En medio de tantos escándalos, lo que se espera del papa de turno “es que al menos crea en Dios”, dijo el rey francés Luis XV tras uno de sus enfrentamientos con Roma.
Un ejemplo es Juan XII. Papa en el siglo X a los 18 años, de civil Octaviano, era un muchacho con pasiones ardientes y brutales. Había sido educado para mandar civilmente. Desviado hacia lo espiritual, cambió de nombre, pero no de conducta. No fue el primer papa que introdujo la costumbre de cambiar de nombre, pero el escándalo que su paso por la silla de Pedro había causado convirtió en norma esa originalidad, hasta nuestros días.
Ha habido también papas de enorme talla, como León I el Magno, que libró a Roma del asalto final de Atila, al que convenció para que se retirase por donde había llegado. O Gregorio Magno, el que más hizo por consolidar el poder temporal del pontificado, al que accedió después de haber sido gobernador civil de Roma. Entre los más cercanos sobresalen en extravagancia Gregorio XVI y Pío IX, que gestionaron de mala manera la pérdida de los Estados Pontificios arremetiendo contra la modernidad y contra todo lo que se moviera hacia delante. Gregorio condenó, por ejemplo, el ferrocarril. Pío IX es el papa del dogma de la infalibilidad.
Causó Pío IX estupor en media Europa cuando en 1858 mandó secuestrar a un niño judío de tres años porque había sido bautizado por una criada católica con la disculpa de que estaba en peligro de muerte. El niño se llamaba Edgardo Mortara y vivía en Bolonia con sus padres. El rapto lo maquinó el Santo Oficio vaticano, que lo llevó a Roma, donde fue educado en la religión católica y ordenado sacerdote más tarde por Pío IX.
Pese a la escandalera y las presiones de varios mandatarios, el papa no lo soltó nunca. Acabó de fraile en el monasterio de Oñati (Gipuzkoa). Unamuno lo conoció una tarde que pedía dinero para su convento en el balneario de Zestoa. “El padre Mortara era un verdadero políglota y en llegando a mi país se propuso hablar vascuence, y llegó a conseguirlo. Yo le oí un sermón predicado en vascuence, en Gernika, y os digo que se sufría oyendo a aquel hombre intrépido”, escribió el autor de La agonía del cristianismo.
El rapto del niño Mortara
Fue solo un episodio de la ferocidad antiliberal de Pío IX, que contó con el respaldo casi exclusivo de la infantería francesa aportada por Napoleón III a cambio de grandes favores papales. “Un prostíbulo bendecido por obispos; una coalición entre la sala de guardia y la sacristía”, diría más tarde Charles Forbes, conde de Montalembert. No ha habido gobernante reaccionario en Europa que no haya contado con el apoyo del pontificado romano, siempre en combate contra el liberalismo, el modernismo o, más genéricamente, en contra de la imparable, en media Europa, separación Iglesia-Estado.
En todo el segundo milenio fueron elevados a los altares cinco papas, con Celestino V a la cabeza. Se trata del papa que, antes que Benedicto XVI, renunció al pontificado cinco meses después de ser elegido, en 1294. Era monje y vivía solo en una cueva del monte Morrone (Italia), con fama de santo y sanador. Fue aclamado papa después de un cónclave que se prolongaba ya dos años. Llegó a lomos de un burro al templo en el que iba a ser coronado. Cuando abdicó, escandalizado, quiso volver a su vieja ermita, pero el sucesor, Bonifacio VIII, mandó matarlo.
Así lo creyó Felipe IV el Hermoso, rey de Francia, que ordenó capturar en Roma al papa reinante para procesarlo. Bonifacio VIII murió poco después, probablemente asesinado. De él se ha dicho que “entró [en el pontificado] como un lobo, gobernó como un león y acabó como un perro”.
El último papa santo es Pío X (1903-1914), único hasta la fecha del siglo XX. Antes que él hay que remontarse a san Pío V (1566-1572). Ahora avanzan los trámites para elevar a lo más alto de los altares al antijudío Pío IX (1846-1878); a Juan XXIII (1958-1963), el papa que convocó el Concilio Vaticano II –a los dos hizo beatos Juan Pablo II–, y a este mismo, a quien beatificó su íntimo amigo y sucesor Benedicto XVI.(El Mundo)

Hace 113 años llegaban los Quintupuray



Un 15 de marzo de 1900 llegan Juan Antonio Quintupuray con sólo 20 años acompañado de su joven esposa. Después de no pocas peripecias, se establecieron a orillas del lago Correntoso. Una de las familias pioneras de la hoy pujante Villa la Angostura.
Isidoro Quintupuray falleció a los 96 años en julio del 2012. En la foto de archivo durante una entrevista con La Angostura Digital.
(15/03/13)

El 15 de marzo de 1900 llega al Nahuel Huapi Juan Antonio Quintupuray en compañía de su joven esposa. Provenientes de San Pablo, pequeña localidad rural ubicada a 21 kilómetros al norte de Osorno, Chile.

Juan Antonio Quintupuray había nacido un 24 de junio de 1880, y teniendo sólo veinte años, se aventuró tras los pasos: “.... de las tierras del otro lado de la cordillera ,que prometían un futuro mejor...”. Primero se asentó en “El Pichunco”, y luego tras incendiarse la vivienda se trasladó el matrimonio hasta el hoy denominado “Paraje Quintupuray”. Este pequeño valle, paso obligado en el hermoso “Camino de los Siete Lagos”, está ubicado al norte del Lago Correntoso, en el Km. 20 de la Ruta 234, junto a la desembocadura del arroyo Neuquen-co.

El matrimonio inició las tareas construyendo una precaria vivienda, corrales, y un establo. Comenzaron con la explotación de ovejas, vacas y caballos, llegando a tener más de cien cabezas en total, así como el sembrado de trigo y avena. La infaltable huerta familiar completaba los trabajos diarios, allí se cultivaban papas, lechugas, zanahorias, etc.

En este paraje nacieron sus diez hijos: Alberto, Antonio, Florencio, Francisco, Domingo, Martín, Lucas Isidoro, fueron los varones y las dos niñas del matrimonio: Margarita y Rosa.

Con su bote a remos, el ir “hasta el poblao” significaba la dura tarea de remar por más de tres horas (dependía de la fuerza del viento) arribando hasta el antiguo puente junto al río Correntoso, de allí en el auto de alquiler de Alfredo “Pilón” Barbagelata (antes era a caballo hasta el almacén “La Flecha”) . El propietario del taxi, nunca quería cobrar, y al preguntársele cuanto era, sólo agregaba con humildad. “...sólo algo para el puchero.”
Dignidad y grandeza de los hombres del ayer.

Luego, con la instalación de un motor fuera de borda al bote de madera (con una potencia de 5 hp.) el mismo recorrido se hacía en algo más de una hora. Nunca fue fácil, vivir en tan desolado paraje, basta recordar que el camino que unía con el pueblo de Angostura, se cerraba, al iniciarse el invierno, y permanecía en ese estado hasta llegada la primavera. Los inviernos solían ser más crudos que los actuales; en el invierno de 1944 (considerada como “la gran nevada”) la nieve superó los cercos de los corrales, llegando al metro y medio de altura.

Como desde los primeros días, aún posee un P.P.O.P. (permiso precario de ocupación y pastaje) debiendo pagar un canon por año que fluctúa de acuerdo a la cantidad de animales declarados.

Una época rentable para la economía familiar se presentó cuando funcionaba el Hotel de Ruca Malén al abrir en temporada estival (de octubre a abril). La familia le vendía sus productos caseros que eran consumidos por los turistas, quienes tenían preferencia por los productos típicos y naturales. Así comercializaban la leche fresca de cada mañana, queso, dulces, frutillas, frambuesas, verduras, etc...

Durante el invierno, en su trabajo de telar, doña Mariquita Trueque de Quintupuray, realizaba trabajos de artesanías que se vendían en su totalidad al llegar la temporada turística.

Hoy, manteniendo una tradición que supera los cien años, la familia Quintupuray permanece en ese mismo valle, junto a la costa del Lago Correntoso, en un paraje, de por sí digno de admiración por la belleza con que la naturaleza lo rodea. Isidoro, Hayde, Irma, Doraliza del Carmen y Dora Quintupuray mantienen las actividades en cinco hectáreas ,de la cría de animales (caballos, ovejas y vacas), así como un hospedaje, camping, y con la opción del servicio de pensión completa, con los productos caseros que ellos mismos elaboran.

“Paraje Quintupuray”, es una parada obligada de quienes transitan por estos paisajes, que invitan al asombro, ante la explosión de colores que la cordillera andina ofrece a cada paso.


Yayo de Mendieta
yayo@demendieta.com.ar
Del libro "·Una Aldea de Montaña", del mismo auto (2002)